domingo, julio 10, 2016

Mambrou

¿Para dónde va, marica?
Con una mira y el cuerpo casi atravesando el umbral de la puerta, le dije que iba para la guerra: viejo, me voy a la guerra.
El miró me amargamente, con una especie de lucecita en el fondo de sus pupilas, y se tomó de un solo sorbo el café que tenía entre las garras.
Cuando bajé por el ascensor, el sonido de la puerta al cerrarse me no pareció algo nuevo, algo bello de tan antiguo, tan bello que era lo contrario a Beethoven.  Hm, como me gustaría morirme en la tal guerra esa, pero no sin antes haber estampado la cara del este compositor contra el suelo. Veo la escena: su cara agresiva y luego, un segundo antes de que su cráneo quede prensado entre mi clava y un muro lleno de grafitis, esa misma carita llena de una expresión que no se sabe bien qué es, si una súplica incompleta, o simplementes el arrepentimiento por haber compuesto tan horrendas sinfonías, tan llenas de violencia.
El odio se disipó por la tarde, conversando en silencio con Rê y sin comer helados ni nada.

miércoles, julio 06, 2016

Insomnio

Veo desfilar insectos, veo desfilar las horas, con sus piernas largas y sus caras lánguidas.

Notas de viaje

Nota personal: sin perspectiva profesional alguna, considero la posibilidad de ser un oráculo: no sé responder correctamente y de forma directa cada una de las preguntas que me hacen.

Nota personal: Botamos, tiramos al tacho de basura todo lo viejo. Las imágenes también, revistas y posters, pero todo esto habiendo perdido la fe en aquello que el hombre tiene de más cercano, más íntimo que la piel. La muerte, hablo de la muerte y la decadencia. Falla el progreso –como fallará- y las hidroeléctricas dejan de mover sus bigotes por falta de ríos, porque nos los tomamos o porque ya se los vendimos a los hijueputas canadienses, ¿y qué? Donde irán a parar las imágenes: se iràn con la energía, con la falta de memoria se perderá lo único que tiene de valioso esta humanidad agobiada y doliente y merdique. Mejor pensar dos veces antes de botar los viejos boletines de la programación de la Cinemateca de París. Ya es tarde igual, para todo y para todos.

Nota personal: Heart of Dogness. Sinopsis. Es una historia de un hombre que trabaja en una perrera. Allí baña y alimenta y, cuando el sacristán voltea el Cristo, electrocuta a los perros. La rutina es esa. Un día, se lo come un perro negro que estaba en la jaula 35, Toby, un gran danés. Entrando por la garganta en forma de bolo alimenticio, el hombre viaja hacia las profundidades del estómago, donde vive las más locas aventuras. El viaje termina en un lugar oscuro que pocos conocen pero que algunos se atreven a explorar. En las notas donde aparece el posible casting, el perro negro es debería haber sido protagonizado por Sean Connery. Al parecer todo estaba hablado y el proyecto se fue al traste porque había muchos productores que querían hacer el filme y nadie logró ponerse de acuerdo.

lunes, julio 04, 2016

Necromancia

Me cuenta el viejo que alguna vez alguien le dijo: “cuando me entuse, te desentierro para que oigas todos mis lamentos”. Ahí supe que el viejo tenía muchas cosas escondidas bajo esa cara y esa corbata negra delgadita. Él se vestía bien cuando estaba triste y siempre estaba triste. Salvo por unos zapatos blancos que alguna vez compró, todo era muy correcto.

-Pasa uno la vida buscando cosas que no se le han perdido –creí oírlo decir una vez con un pedazo de plástico en la boca-, se siente uno bien pensando en recuerdos falsos, de cosas oscuras que se mueven detrás de las matas y que portan máscaras de animales.

Nunca entendí que quiso decir con eso. Se fue y cuando quise exhumarlo, al viejo, la tumba estaba vacía. Puta. Sí, que susto me llevé cuando vi mi mail lleno de fotos donde él viejo, en Viena, se veía lleno de alegría, llena su piel de un brillo inusual. Pero luego de una copa de agua, que bebí sin mucho interés, vi que unas cuerdas o alambres estaban atando y que unos anzuelos estaban halando, moviendo, sus mejillas para que sonriera.

Panta rei

miércoles, abril 27, 2016

Cabezas


Dr. Saturnino Restrepo:

Pocas cosas. Me corté esta tardeelpelotodoelpeloelpocopelo. Me dejé la barba, que también es poca, pero llena el espejo y lo hace no un instrumento de tortura sino algo alado, lúdico tal vez.

Cuando acabé tiré un montón de cosas a la basura. Esto debido a que últimamente –sabrá El Putas por qué-, han estado apareciendo cucarachas. Dr.: esos malparidos bichos… se me había ya olvidado como eran. He encontrado tres. Hace un año había matado uno y duré con una psicosis –o algo así- que me duró un buen tiempo. Límpido, rai, de todo eché y por todas partes. Ahora que las veo venir, venir a visitarme, entiendo el mensaje: me largo al trópico o Bucarest.

Me cansé de esta vida de “rockstar de mierda”, Charly García dixit, no quiero ser como esos hijos de Miguel Antonio Caro. Tal vez quiera ser Caro, pero si no pudo Usted que se movía y se mueve en esas aguas pantanosas de la “actitud conservadora”, de la “ortodoxia” del orto, menos voy a poder yo con mi arsenal atestado de neuronas quemadas y derrotas guardadas en pantalones de marca que me heredó el hijo único.

Ay, Dr. Saturnino, escribir y saber que esta cartica va a pasar a la historia de la historia de la historia, es algo que no tiene precio. No piense en mastercar. Dr., me sacan de Paris las cucarachas, me sacan de quicio los nativos, ojalá no me tenga que tragar estas palabras, este preámbulo con cara de oda a mi regreso así como las cucarachas se comerán y los franceses se soplaran mis cenizas.
Hace un rato no escribía en la lengua de Cervantes y de verdad se siente como si no quisiera acordarme de ese lugar, de esa mancha. Espero verlo pronto.

PS:
¿Las cabezas una metáfora? Puede que sí, quién quita. Me acuerdo que el viejo no me regalaba muñecos sin cara porque era malo para el desarrollo de las mentes jóvenes. Pero a mí eran los que más me gustaban: una expresión lacia. Siempre dibujé manos, por ideología, que en mi caso no es ninguna. Luis Caballero. Las manos son mejores que las caras porque esconden menos cosas. Tal vez por eso no me gusten las caras, tal vez por eso hacer, pensar, en una cara no sea ya tan digno de uno –sujeto intemporal, impersonal y eterno- como pensar en un jardín o un espacio vacío donde intuir una sonrisa. Esto, suponiendo que la sonrisa no venga acompañada de una daga larga y una sensación fría, eléctrica, bajo el pecho.

Lo de las cabezas: ¿Qué diría Freud de este caso? Young hablaría del arquetipo del sombrero, del árbol sin tronco cuyas ramas tocan el cielo porque sus raíces se beben el magma del Infierno. Yo digo que no es nada, que es pereza, que tal vez me interesen más los trajes Armani y otras cosas que codicio sin mucho entusiasmo. Esa vida adulta de gente que se habla como escindida por dentro, cascos de mandarina. Eso, tal vez esa sea la pendejada de pintar de la mente gente sin cabeza sentada en sofáses vivientes, sobre conejos.
Nuestra mente está cautiva en el estómago de Dios, Dr. Saturnino, no se le olvide. El universo oscuro y tenebroso está en eso, en paredes llenas de ácido y el movimiento peristáltico de un ser al que mucha gente le reza sin saber si existe o no. 

Él sí existe, como todo, y nuestras conversaciones son su sistema nervioso.

Acabo de adquirir Non luogo a procederé. Insisto, lea Walter Benjamin, “Ajuiciate mama, [cogé] juicio, [cogé] el juicio muchacha ajuiciate”.


Un servidor




[bajo esta palabra hay una garabato inmundo] 

martes, abril 19, 2016

Blu metal parts

¿Qué le pasó en el ojo? –el gesto incisivo del viejo me dejó un poco perplejo porque su estilo era no interesarse sino por cosas de menor importancia, y mi vista no entraba en esa largo catálogo de predilecciones de “primer nivel”, donde entraban desde el Capítulo 84 de Rayuela, hasta la fauna del Mioceno.

El café ya estaba hecho y llené el pocillo hasta el borde.

Salaud! –le dije al viejo mientras mi gesto era ese del brindis de la victoria-.

El respondió "salud" muy contento y su tranquilidad y pasividad me hicieron reír. Mucha güeva. Eso pensé.


Cuando terminé el café había un diente el viejo en el fondo. Lo vi moverse entre las pepitas del grano seco y molido venido de La Aurora. 

domingo, abril 03, 2016

Sobre la inmortalidad del alma

El alma es inmortal aunque haga parte de un cuerpo terreno y, por ende, mortal, finito. La cábala y ese dibujito bonito donde ponen los séfirots ayuda a entender la lejanía y la cercanía de las cosas con otras, que no son cosas, la verdad, sino sus sombras proyectadas en las paredes del estómago de Dios. 
Así pues, habría que pensar que Alejandro Magno no hubiera podido helenizar el Asia Menor de haber trabajado en –inventemos un ejemplo- Magdonals o cualquier otro empleo destructor del alma. El alma es inmortal, ciertamente, pero las limitaciones y condicionamientos a esa materia que llevaba el nombre de ánima terminan por resquebrajar el dogma o, bien, de acentuarlo. 
Por una parte, resquebrajar porque dicha inmortalidad es menguada, alejada de la Corona como en el dibujito de los séfirots y, por lo tanto, disuelta en algo más. Esta disolución da al trasto con la infinitud. Por otra parte, acentuar, porque si reducir el molde o amarrar la rienda –como quien dice- conduce a la degradación del alma, entonces una vez diezmada su fuerza y al ser inmortal, lo que queda para otras vidas u otros planos de existencia, resulta poco. Así mismo, esta escasez permanece y acompaña el ánima, haciendo que su portador no sea más que un ser de miras exiguas; en un lenguaje más técnico, habría que decir que queda hecho una güeva.
Pareciera ser que quienes condicionan lo saben: la destrucción del alma es lo primordial. Poder es saber, y saber esto, tal vez sea, el verdadero poder. Ahí está, ese es el verdadero capital, lo otro, sólo son monedas y papeles que huelen mal si no se sueltan cuando la mano comienza a transpirar.
Se dice de Alejandro Magno cortó el nudo gordiano. Se dice que el rey Poro y el clima de la India frenaron su ambición. También se dijo que en su ciudad se construyó una enorme biblioteca que luego fue quemada por caprichos de la lógica. Todo esto resulta banal frente al problema real.
El viejo cerró de golpe la mano derecha que siempre estiraba para hablar mientras cerraba los ojos. Sus pestañas parecieron obedecer a dictados superiores, dictados que no se parecían a esos en los que tan mal le iba en tercero de primaria. Recuerda a Carmenza; ella lo recuerda por el hijo putativo de John y Frances Allan. El viejo.

martes, marzo 29, 2016

Paycall

-¿Qué hago?
-Calma. Respire.
-Ya, listo.
-Muy bien, entonces présteme atención; haga lo siguiente: mírese las manos y si no se están derritiendo, eso quiere decir que todo está bien.

Hojas del trópico

La exuberancia del trópico en América del Sur habría hecho de Sigfried o Sigfredo un hombre vulnerable, débil. Por un lado, el dragón que pudo matar para salvar el oro y el anillo de los Nibelungos no habría sido tan dócil. Considerando la humedad y la cantidad de oxígeno disponible, la talla y destreza del monstruo lo hubieran hecho volver a su casa, para así llevar una vida normal, eliminando de paso el mito. Por otro lado, de haber matado al tal dragón y de haberse bañado en su sangre para volverse invencible, la hojita que le dejaba descubierta una estrecha región de la espalda, no habría sido tal. No, las plantas de la selva amazónica y de otras regiones de esos trópicos son enormes, y Sigfrido no habría dejado nunca su asiento, nunca, o habría simplemente recurrido a la diplomacia para no sentirse menos invencible en las batallas. Una vez más, el mito y la proeza no habrían pasado de ser un secreto mejor guardado que el de la ‘hojita’ que Krimilda y Brunilda dejaron rodar por los pasillos y las sayas hasta hacerse lanza incrustada en la espalda del gran héroe.


domingo, marzo 20, 2016

De moscas y esporas

Hay personas que se asfixian cuando no las están ahorcando. El viejo es uno de esos, y por lo tanto, yo también. Esa forma de hablar, como si fuera una planta, años y años expuesto a esa voz pastosa que se introduce en el cerebro como pequeñas raíces de linaza, surte su efecto on me y no me angustio menos qué él cuando veo que las cosas van bien. El desayuno estaba servido. 

El café despedía un vapor poderoso que incluso derretía a los mosquitos que por allí pasaban. Caían cerca al plato de los panes y no había forma de diferenciar sus cuerpecitos inertes de las esporas de ese helecho que nunca nació.


martes, marzo 08, 2016

Sarita y la Medusa

El viejo me pregunta. Cuando uno dice “toca ver” está frente a un caso de sinestesia. Pregunta trampa. Yo no le presté atención y seguí leyendo Las aventuras de Sarita y la Medusa.

-¿Sarita y Medusa?
-Sí, eso es lo que estoy leyendo –le respondí al viejo reteniendo con el pulgar la fuerza de las páginas del libro que ya comenzaban a rugir para que las soltara y me abanicaran la cara-.
-Pero no lo había abierto, era para un regalo, maricón.
-Esas cosas Usted siempre las dice y resulta que esos libros desaparecen. ¿Qué hizo con la traducción esa auto-editada al francés de Opio en las Nubes? Fijo se la dio a alguien que nunca lo leerá o qué no entenderá la música.

El viejo bajó la mirada y yo le di un puntapié a la silla amarilla. Él no se inmutó pero dejó escapar un chillido. En su rostro se esbozaba un atardecer o un “vestemalparidohijuputa”, difícil saberlo.

Me senté y le dije que no se pusiera así, que nos lo íbamos a turnar, que él lo leería primero y que yo también. Fijamos entonces los turnos de lectura y todo quedó claro.

-¿Oiga, quiere aromática?
-¿De qué hay? –preguntó para que yo respondiera que de pollo-.



Puse a calentar el agua con cal que nos estaba matando y luego puse el veneno en el pocillo para que se muriera por lo menos quince días. Cuando vertí el agua una nube gigante de vapor salió y una especie de chisporroteo me encegueció. Luego me di media vuelta y vi que el viejo estaba dormido, lo que me reconfortó pues en el fondo no quería matarlo. Regué el bebedizo en el lavaplatos y me santigüé con la izquierda, tal y como mi papá me había enseñado un domingo por la mañana en Salamina.


domingo, marzo 06, 2016

sábado, marzo 05, 2016

Poimándrês

Poimándrês. La denominación puede tener origen griego: de poimaínõ, «apacentar», y anér, «hombre», es decir, «pastor de hombres». Es lo que piensa REITZENSTEIN (Poim., pág. 12: «Menschenhirten»), que especula, además, sobre una «Poimandres Gemeinde», con su Libro Sagrado, «Die Sprüche des Poimandres». También puede tener origen egipcio: Poimandres sería el eime (noûs) de Ra (Dios Supremo); es lo que piensa SCOTT (I, págs. 16 ss.): Poimandres procedería del copto p-eime-n-rê, el noûs de Ra. Además, la idea de Dios como pastor del rebaño humano está ampliamente atestada en la religión egipcia, cf. BARUCQ, Hymnes, págs. 174, 189, 242, 245 y 246-249. 

Nota tomada de Tratados herméticos, éd. Gredos. 


miércoles, marzo 02, 2016

Colombia 2016

« Los muertos que tiran a los ríos son los mismos que hace 20 años ».
Dijo un amigo del viejo.
El viejo me lo dijo luego, hoy.
Dijo esto un día y se nos quitaron las ganas de alegar y salió el Sol y los rayos ultravioleta que quemaban las células de todos hicieron que el mundo fuera hermoso y que el pus de las heridas y los cuerpos en descomposición que venden chicles por la avenida parecieran modelos de revista y que los miasmas olieran a Fabuloso y Jabón Rey.

Conium maculatum

En América Latina, para algunos, la ignorancia es un destino; en Francia es una vocación.
Por qué tanta gente de mierda en este mundo. Là voilà la una pregunta tentadora. Pero la respuesta certera –ese porque sí- arrebata el misterio a los polemistas y llena de argumentos a los que con estos riman (digámoslo: yihadistas).
Siento tanto asco, tanto, por los que creen nacer con la sartén por el mango, que me asombro. Aunque el odio no sea algo nuevo, siempre cabe un poco más cuando la estupidez –hasta la propia- tiene raíces tan profundas.
En estos esquemas de “guerra de corales” –Viejo dixit- solo queda desarrollar el rol del pez loro: picar el coral, morderlo un poco para dejar que otros peces u organismos entren y se lo coman desde ahí y hasta bien adentro. Se supone que por algo así le dieron chá de conium a Sócrates.

Se está siempre expuesto a la tentación de la deducción lógica herrada, para decir: todos los hombres son Sócrates; tanto para hacerlos beber el chá como para que razonen. 

jueves, febrero 25, 2016

Crema de manos

El viejo entra y me oye decir: Tengo la piel muy seca y a veces me dan ganas de hacer espaguetis y echarles crema de manos con guayaba, pero rápido se da uno cuenta que la crema de manos no se come y que acá no hay guayabas o si hay, no son de las pa’jugo. Dos cancines de Coco Rossi: 1) Un beso & 2) Heartache City.

martes, febrero 23, 2016

Escolástica

Mucho se ha dicho sobre nuestro entender y también mucho se ha callado, más lo segundo que lo primero.
En ese sentido, el ser parece más una cuestión de condicionamiento y de su persistencia en la memoria.
La esencia entonces no existe, es un sinsentido, pues todo es dado.
Pero si no, si sí existe algo que puede llamarse esencia, es sólo silencio.
Por eso se eleva a extraño el hecho de que nos censuremos comer carne humana y no la de aves o peces.
¿Por qué no hace zapatos con mi hijo y pequeñas teclas de piano con huesos pulidos de alguien que conozco o que me miró mal?
No hay respuesta por fuera de aquellas que se nos han transmitido, como relojes se pudren en la mente de todos, de los vivos, de los muertos, de los que están por nacer y de esos otros que nunca nacieron ni nacerán.

El ser humano está constantemente llamado por el hambre.
Ésta susurra el nombre de cada quien, cualquiera que este sea, para invitarlo a mirarse a los ojos.
Pero esto resulta difícil, porque un espejo es un objeto mágico, uno de esos objetos que no son para cualquiera.
Pero una vez más –como con todo-, la mirada es una invocación, un ser cambiante o un reptil emplumado, una estatua de seda o un gusano de piedra.
Eso es la mirada y ella cambia o se queda fija, no fija en el objeto, sino fija en sí misma, presa de sí, de la historia y la memoria que persiste en los grupos, en las comunidades, en un miedo gregario transformado en modas y formas de hablar.

Cómo resulta conmovedor el silencio cuando no lleva nada dentro, cuando se eleva movido por el eco muerto de recuerdos sin dueño.


Oración para todos los días:
Imaginación, cósenos los labios para pensar un poco más.

Imaginación, trae de vuelta los gaviales del Ganges y pídeles que me devoren vivo para de mis gritos, de mis crujidos, renacer transformado en mí mismo.

lunes, febrero 15, 2016

Sobre la vitud - Standing on the shoulders of giants

Hablando sobre la virtud, el viejo dijo que nadie había sabido entenderla mejor que él. Esto, porque todos se atrevían a hablar de algo tan barroco sin saber siquiera dibujarlo en el aire. El lo dibujaba con el dedo índice como una escalera.

-Sí marica –le decía yo, guardando para mis adentros la pena profunda de saberme derrotado; alguien había entendido antes que yo las cosas que siempre procuraba bajo mis párpados y también con ellos plegados, a través de estos-.

-Nanos gigantum humeris insidentes –dijo por fin-.

Sí, el secreto estaba en despreciarse y usar su yo vacío una vez lleno y reseco para poder subir más alto y comer en las alturas, sin caer, queriendo no caer, el fruto que está en lo más alto y que el yo de ayer no podía alcanzar. El universo, ese “infinito particular”, estaba así cimentado o soportado no en troncos viejos, como Ámsterdam, sino sobre tortugas gigantes y elefantes no de menor tamaño que parecían petrificados, pero que la verdad se movían lento. Se mueven. El viejo. 

miércoles, febrero 03, 2016

Mil y una noches

Serendipia. Adaptado del inglés serendipity, y este de Serendip (hoy Sri Lanka), que es una alusión a la fábula oriental: The Three Princes of Serendip o 'Los tres príncipes de Serendip'.



martes, febrero 02, 2016

Hornos

Y florecieron los hornos crematorios. No así las cenizas, porque eran muy modernos y no dejaban nada.

Mazapán. Origen: Quizá del ár. hisp. pičmáṭ, y este del gr. παξαμάδιον (paxamádion) 'bizcochito', infl. por masa y pan.




lunes, febrero 01, 2016

Guerras civiles

Sentía las tres de la tarde sobre su piel pero no podía moverse. Las tropas del general Saturnino Restrepo estaban en la zona y a ellos no les quedaba más que aguardar la oscuridad. También pensaban en la virgen María, el Espíritu Santo y en el barrio de tolerancia, que en la zozobra les resultaba tanto el Padre como el Hijo. Sí, todo eso tan anhelado para un bandido era Dios, aunque mejor, porque tenía rostro de mujer.

Eso fue más o menos lo que le entendí a Machi Löwenstein, que me hablaba sobre uno de sus ensayos, de sus tentativas de ganarse el Nobel algún día reciclando historias de las guerras civiles de Colombia, esas que quemaban la parte de debajo de las novelas de García Márquez y que se transparentaban en la soberbia y el nihilismo de Caro y de Cuervo. Par de marcianos, llegué a pensar, corrigiendo la trayectoria de una palabrota que no iba al caso, no iba no.

-Y bueno, ¿qué más va a pasar? –le dije yo a la Löwenstein mientras sentía que el viejo la miraba exhorto; ¿qué le pasará al viejo? Pensé yo en mi falso silencio con los ojos clavados en los de la dueña de la respuesta a mi pregunta-.

Que nada, que todavía no sabía. Así, tomé entonces la delantera y cuando se fue escribí un cuento que era mejor: al tal Saturnino lo nombraban gobernador en virtud de una de esos actos ridículos de quién sabe qué asamblea o qué junta dirigida por Mariano Ospina Rodríguez y lo mandaban en misión diplomática a Londres. Mientras esos, mientras eso. No, definitivamente me siento muy idiota citando tantos nombres de la historia de allá. Mejor pensar qué hacían, mejor nada.

sábado, enero 30, 2016

Padre nuestro

El viejo estaba en una esquina, arrodillado y con una manta sobre la cabeza. Estaba frente a un sirio encendido y las sombras bailaban sobre las paredes.

-¿Oiga, qué está haciendo ahí?


Tornóse el viejo y me dijo que le estaba rezándole a Dios para que matara a todos esos triple-hijuputas.

viernes, enero 29, 2016

Servare de caelum

Cuando volvía de ese trabajo que me conseguí de dibujante para la novela gráfica Memorias de piel y vagabundería de Saturnino Restrepo Löwenstein, me encontré con el viejo; he aquí una buena frase: “Profundamente católico, alguna vez sentí –no diré en dónde- que prefería ser esclavo del ritmo que siervo de Dios, de un solo dios”. Página 31. Estaba sentado en una de los escaños que hay sobre la avenida Foch.

Y pensar que hace apenas una semana lo había enterrado. Muerto, enterrado, había sobrepasado otra vez los límites de la razón y había vuelto.

Me senté cerca y le hice una seña. Me confesó que como todavía tenía las pupilas dilatadas me podía ver a pesar de la poca luz. Y sí, estaba oscuro, aunque no tanto la verdad, porque enero, muriendo, el mes, tiene más luz. Ese fenómeno aterrador le restaba mérito a las pupilas del viejo.

Pasamos a buscar algo de pan y mermelada. Luego subimos y antes de que se sentara en la silla amarilla le pedí por favor que tomara antes un baño, que se lavara los dientes y que hiciera algo con la fauna que tenía enredada en la ropa, que no me gustaban los larvas de ciertas criaturas. Ok. Eso respondió el viejo mientras desaparecía entre una nube de vapor que iba formando el agua caliente.
Puse algo de Rita Indiana y me preparé un sándwich. Y saber que Alejandro Bicorne siempre durmió con la Ilíada y la espada, y saber que al comerme el emparedado italiano pomodoro empuñaba yo el Satiricon. El viejo cantaba y el agua no caía más.

Al principio de la página 70, decía: “Narrat is quod nec ad caelum nec ad terram pertinet, cum interim nemo cuat, quid annon mordet”.

Como una premonición, entendí que eso que llamaban en Roma, Roma Antigua, Servare de caelum, es hoy el equivalente de “cazar pispirispis”. Dejando el libro de lado, tomé un tenedor y es lo enterré en la espalda al viejo, que mirando por la venta. Lo dicho: servare de caelum.

-Qué está haciendo ahí sentado –me dijo el viejo, mientras se acomodaba el parche del ojo-, por qué tiene ese libro y un tenedor en la mano.


lunes, enero 25, 2016

Recuerdos de infancia

El viejo se burlaba de mí constantemente. Pero sus carcajadas martillaron esta tarde un tema que a él le era muy querido: la transformación de las ciudades en tumbas. Sí, una día, subiendo los pies sobre la mesa roja, me dijo que toda su niñez fue guiada por el mantra de las células que explotan, por el ruidito rítmico de los ojos de las personas cuando se evaporan. Era septiembre de un año de esos perdidos, vueltos mierda. Septiembres. Sus palabras eran alegres y ágiles.

-Siempre quise ser biólogo –acertó a decir luego de una retahíla sobre cruzar perros con gatos hasta que salieran hienas y otra cosa que no entendí muy bien sobre un virus. Al final, la fuerza de sus palabras y esa forma extraña de hablar en serio cosas que de verdad parecen broma, me hizo entender que Virus, era el grupo argentino.

Con el viejo todo pasa de esa manera y nunca de otra. Comimos papas sancochadas y fríjoles con cilantro y sal mientras la historia de los infantiles anhelos de ver la maleza comiéndose los edificios y las casas se confundían con el murmullo de sus dientes triturando la cena. Bolo alimenticio, olvido y abdominales. El viejo.

sábado, enero 23, 2016

Théorie de l’évolution

El viejo me contó que cuando niño, puta, hace mil años, le regalaron un muñeco con cara de mico. Era de esos que tenía cuerpo de físico culturista, de tipo fuerte, ya tu sabe; calzones de plumas verdes y cinturón de cuero; botas de cuero hasta abajito de las rodillas; traía también las manos engarrotadas para que uno pudiera acomodarle un par de hachas. Así entonces él, el viejo, podía imaginar que le cortaba los brazos y las piernas al ejército enemigo.

Y casi que se le encharcaban los ojos contado estos cuentos viejos que ahora nadie entiende, porque ya ni árboles hay, y nadie sabe qué es un hacha; y ya ni gente hay y si sí, pues hasta se le corta con una ametralladora, calibre cincuenta.

Estas digresiones son medio hechas por mí, medio hechas por el propio viejo.

Pero todo este relato del muñeco con cara de mico son conduce a la ira irracional del viejo por ese juguete. Es decir, lo usó, ciertamente, pero verlo le hacía doler el estómago. Y eso es mucho decir, porque al parecer eso fue antes de que con un rayo láser se lo partieran a la mitad. Esa es otra historia, para luego, por ahora el mico: el viejo le tenía asco.

Él no entendía como un muñeco con cuerpo humano iba a tener una cabeza de mono.

-¿A quién putas se le ocurre eso? –decía el viejo dándole un golpe a la mesa roja (antes de que se fuera, la mesa)-.

El viejo se burlaba de sí mismo porque le resultaba extraño que un niño tuviera tan profundamente arraigados los preceptos de la teoría de la evolución: el hombre viene del mono y punto. Sanseacabó es el santo en el que creían en verdades que surgen de una palabra –teoría- que no es otra cosa que una miradita a los dioses, para verlos de soslayo. Bueno, sin entrar en ciénagas de abstracciones, mejor ponerse pantalones cortos y botas largas, así que nada, lo propio: el viejo, en esa época el niño, el niño viejo o el viejo cuando era niño creîa que era estúpido, vergonzoso por demás, tener un monstruo que tuviera cara de hombre.

Un hombre fuerte que vivía en uno de los infiernos del Budismo, donde las guerras son eternas y las muertes de quienes moran en ellos son pasmosamente violentas, no podía tener una cara de hombre. Ese hombre tendría que tener la cara de una bestia, de lo contrario, nadie lo respetaría, nadie le temería.

Hombre mico.

Qué maricada, quién le tiene miedo a un mico hombre o a un hombre mico. Fuerte sí, armado también, pero eso para un niño no había mucha cosa para temer. El mico solo, sin cambiar, sin más metamorfosis que la de sus fauces llenas de babaza y sangre, como mármol de carrara reflejando la cara de una mujer pálida de terror, eso era un motivo de temor. Además, este temor hubiera permitido al viejo jugar tranquilo con sus amiguitos dentro del Asura, que además no tiene este nombre y que dura lo que se demoran los papás por ir a recogerlo.


Luego el… perdí el hilo.

miércoles, enero 13, 2016

Administration publique en Colombie

Saliendo de la ducha, me tomé la toalla, etc.

Cuando encontré al viejo en el salón le dije que pensando las cosas bien, era imposible que no estuviera alguien ya, en algún lugar del mundo, trabajando en un arma biológica que transformara a la gente en zombis.

El viejo levantó la ceja y forma de tomar en la que se tomó el café dejaba ver un brillo en su pupila, una luz pequeñita que me decía que no olvidaríamos el algodón de azúcar, los osos de peluche, la sangre en las paredes de las escuelas, las masacres, los cuerpos quemados balanceándose en los postes de las luces, una cara llena de gusanos esperando la descomposición total, los coágulos pegados de las lámparas, las sonrisas de los niños vueltas humus, todas esas cosas que ya se habían hecho sin ayuda de ningún compuesto químico, esas cosas que pueden lograrse solamente con un estrechón de manos y la firma de un contrato.

-¿Qué quiere un café?
-No, ya me tengo que ir.
-Sí, es mejor irse.

lunes, enero 04, 2016

Dos pesadillas

Del ár. hisp. alkímya, este del ár. clás. kīmiyā['], y este del gr. χυμεία chymeía 'mezcla de líquidos'.

Pesadilla n° 1
Toman una foto que retrata un grupo de gente. La miran. En el fondo, entre dos personas que sonríen hay una mujer que se ve muy pequeñita: vestido blando, hombros descubiertos quizás, cabello rubio como de los años maravilloso, como en forma de bola y hongo, lleva guantes y sus manos se ven porque posa para la foto aunque no estaba en esta. Ella no tiene cara sino una especie de vacío, negro. Cuando miran el espacio vacío este comienza a revelar que es un lugar de maldad y energía negativa, la encarnación de algo muy oscuro que comienza a tragárselo todo muy muy lentamente y sin avisar. Es la maldad misma y es negro como la pez. En ese momento despierto dentro del sueño y veo algo de color anaranjado que se mueve frente a mí. Yo lo veo con los ojos entreabiertos, paralizado y tratando de despertar. Luego miro bien el vaivén de ese cuerpo anaranjado y percibo que es una cuchilla, un machete. La mujer de la foto está a mi lado, en la cama y simplemente está tomando impulso para que su golpe no falle y me pueda mutilar la cara. Trato de moverme y no puedo.

Me despierto entre gritos.

Pesadilla n° 2
Una reunión. Van a tomar una foto de grupo y todos posan, hay muchos viejitos, como músicos de jazz. Cuando todos dejan de posar y comienzan a moverse yo trato de acercarme a la ventana o pasar a no sé dónde. Le pido permiso para pasar a una señora y cuando paso con cuidado para no golpearla resulta que una fuerza increíble me empuja. No le hago daño a la señora pero la miro asustado, sin dar crédito a lo que estaba pasando porque había sentido algo que me había halado con mucha fuerza. Pensaba en la misma sensación que se desprende de dos imanes que juntas sus polos positivos. La señora resulta ser mi tía papito, una de mis tías papito, Barbarita, y me mira muy confundida, con lástima tal vez. Mira hacia arriba de mi cabeza donde ella ve algo y me dice que me asome a verlo, que es algo muy mal, muy grave lo que tengo, que mire. El vidrio de un peinador puesto contra un muro me va a servir para poder mirar lo que me está pasando. Me asomo con cautela y angustiado y veo en el reflejo que sobre mi cabeza hay un alma de algún ser, una cara negra traslúcida que me está reclamando porque quiere tomar control de mi cuerpo y cuando me percato de esto, siento terror. Ahí la cosa esa que está sobre mí me toma y me hace volar sobre la mesa y seguramente hacia una ventana que está abierta. Todo esto pasa y yo no me puedo mover o hacer nada. 

Me despierto entre gritos, tomo el cuaderno verde y dibujo lo que vi, triste y sin ganas de volverme a dormir. Me paro y me acerco a la ventana para leer con ayuda de la poca luz de la mañana. Cicero, Pro Sestio.