lunes, agosto 24, 2009

Frágil

Cómo hacer que algo tan peligroso como un corazón atómico no explote dejando todo muerto. Las aguas del río corren hacia el Sol, así, tal y como debe ser. ¿Qué falta? ¿Qué está fallando? Voltean todos los días el reloj de arena. Todos se dan cuenta, pero el tiempo no se detiene y aquello que mueve los minutos hasta un punto en el que se parten y se resquebrajan luce impávido, no lo entiende, como si la realidad fuera arcilla. ¿Qué falta? ¿Qué está fallando?
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Nada vuelve a su sitio si un grano de sal muestra su verdadera cara, si el gato maúlla cuando el Sol trata de matarlo con un guiño ultravioleta.
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No quisiera parpadear frente a aquello que mueve los minutos hasta el punto en que se parten y se resquebrajan. Tengo miedo a perderme un instante, tengo miedo a perderme de eso que se cree perdido, tengo miedo que eso que se cree perdido no entienda que todo lo ha ganado, todo. Miedo a que la caracola se hunda en la duda de un mar que se parece a todo lo que tiene sobre sí y que le da forma, pues es solamente un reflejo. Gente desconocida y lugares públicos, todo trata de ser aquello a lo que no se parece.
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Camaleón de papel, no cambies las reglas de la realidad ni de los colores que te atormentan. Punto seguido. Punto suspensivo. Puntos de color rojo que forman algo que se parece a un órgano que bombea oxígeno líquido.

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