De repente, me han dado ganas de fumar. Quiero bañarme en gasolina y fumar un cigarrillo. Sí. El simple hecho de pensar que voy a estallar en llamas cuando quiera encenderlo, es una visión excitante.
Estoy decidido.
De camino a la estación de servicio pienso en mis obras póstumas. Varios títulos me inflaman la mente. Godhunter. Les faux combattants. Memorias de un tilacín. Raíz. Este último título me gusta mucho; sueño mucho con raíces que se extienden por mi cuerpo abriendo sus ojos para luego susurrarme todo lo que ven, lo bueno, lo malo, lo oculto. También me gustaba la idea de hacer algo llamado monologo del tilacín, una obra de teatro.
Anoche soñé varias cosas. Pienso esto mientras lleno un galón de gasolina; es de color naranja. En el sueño tenía un nido de avispas en mi espalda. Todas salían lentamente, pasaban la barrera de mi piel haciendo sentir gran dolor. El galón estaba casi lleno y sentía cansado el brazo derecho. Sin embargo, mis ojos, mi alma, las avispas que habitan en mis sueños, querían ver derramarse la gasolina. Quería ver correr pequeños ríos de ese líquido que guarda el fuego en su despertar. Ese olor nauseabundo, gasolina. Es gracioso oír el caer de gotas de gasolina, algo tan bello e inestable, un híbrido entre el aire, el agua y las flamas.
El galón era de color naranja, mi piel una mezcla de blanco y negro, el humo gris, es de color gris o azul. Los colores no dicen nada, las palabras mucho menos. Vehículos, infiernos que se balancean y caminan y dudan frente al espejo si sería una buena idea afeitarse en la mañana o en la noche, antes de ir a jugar con avispas.
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